Número 1

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Con deseos de ir mejorando nuestro proyecto publicamos nuestra primera entrega, la idea es que a través de cada número más y más estudiantes o profesores puedan divulgar sus reflexiones en torno a la estética, la educación, el teatro... los invitamos a participar activamente de esta iniciativa.

  

Las locuras del cuerpo

Por: Diana Lucia Reyes Jiménez

Licenciatura Artes Escénicas

Universidad Pedagógica Nacional

 

El cuerpo en la pluriculturalidad occidental  se ha mantenido como una instancia lejana, innecesaria para la vida práctica. Desde la escuela hemos estado coartados en nuestra forma de expresión, todo el mecanismo escolar está diseñado para consumir conocimiento, una educación para nuestras cabezas, provocando en nosotros una inconciente  pero definida parcelación entre el cuerpo y la mente[1], el cuerpo durante ese largo período estuvo desconocido, ahora permanece desconectado; más no parece importar.  la educación hace de cada uno de nosotros un miembro de alguna sociedad humana particular, y procura hacernos tan parecidos como sea posible a todo otro miembro de esta sociedad”[2] homogeniza e inculca principios que convienen para el buen funcionamiento de la misma, sin tener en cuenta las necesidades de ninguno de los que la conforman.

 

“La educación obra en dos direcciones: elimina toda tendencia disidente  y al mismo tiempo inculca valores que obligan a superar y desear los deseos espontáneos.”[3]  Desde la más temprana edad el individuo  se ve obligado a guardar para sí sus expresiones naturales, es entonces cuando enfrenta el camino de las máscaras. Ante la sociedad debe comportarse de cierta forma, naturalmente sus deseos espontáneos son otros. Sin embargo la represión que recibe del exterior llega incluso a manipular su voz interior, obligándolo a una constante crítica interna de sí.

 

La razón ocupa el lugar más importante en la conciencia de los individuos, al punto de negar la propia  construcción emocional y corporal con la que también se conoce el mundo. Si desentrañamos está afirmación llegamos quizás a  la raíz de esta afirmación: esa forma de educar parcialmente desde el racionamiento  está ligada a las prioridades de una sociedad  que busca “mejoras”, una sociedad atrasada que  corre para alcanzar una modernidad que no le corresponde, ya que dentro de los países desarrollados está inscrita en el rango del subdesarrollo; Que no es más que un atraso de modos de accionar, en el comercio o en la política. A su vez relacionado a los avances científicos, a la tecnología  y a la modernización de las costumbres.

 

Entonces podemos decir que la razón es el fundamento de  la ciencia, por ello la prioridad que se le da. Sin embargo, hay una situación inherente al ser humano que permanece desconocida, la conciencia del ser en su totalidad (una instancia natural). Y permanece en el letargo del silencio porque probablemente no resulta productiva; más esta  resulta ser la base del arte.

 

Un terreno que busca precisamente la relación de los conocimientos en pro de la resignificación del mundo.

El arte se enfrenta con el individuo, por que el es estudiante y objeto de estudio al mismo tiempo, lo cual le permite dialogar con la incertidumbre constantemente, lo que hace más difícil pero interesante su trabajo.

“El mayor aporte de conocimiento del siglo XX fue el conocimiento de los límites del conocimiento. La mayor certidumbre que nos ha dado es la  imposibilidad de eliminar lo incierto, no solo en la acción, sino en el conocimiento.”[4]

 

El artista está enfrentado de cara a la cosmogonía de si mismo, donde debe buscar sus falencias y auto educarse. Agudizando su autoconciencia y su percepción. Y cuando este punto se logra cuando la percepción abarca al individuo cobija también su entorno, ofreciendo entonces un espacio de construcción social completa. Un ser que conoce desde su totalidad puede permitirse sin duda, espacios para encontrarse con individuos iguales. Y en el arte específicamente recrear la vida misma.

 

La  cinestesia o percepción del equilibrio y de la posición de las partes del cuerpo, permite otra forma también de entender el mundo. La conciencia corporal resulta para una sociedad que cohíbe el movimiento, una locura.

Sin embargo esa locura le da lugar a la imaginación, y hace una reforma implícita de las formas de conocer.

Y los objetivos del conocimiento.

 

Por que pensando en el fortalecimiento de un tejido social, conviene este tipo de educación del ser tripartito (cuerpo, mente y espíritu), para fortalecer y permitir el pensamiento de colectividad y comunidad.  Mientras que la educación racional apunta a la moderna e individual concepción del mundo en la cual cada uno salva lo suyo.

 

El hombre no  debería entenderse como un sujeto fragmentado, más bien y en pro  del fortalecimiento de la sociedad, debería  comprenderse a magnitud. Ya que no se trata de una batalla entre la ciencia y el arte sino más bien en como los dos pilares más altos d l construcción humana funcionan en pro de una comunidad, que pierde la esperanza.

 

Necesitamos replantear la educación, propiciar la creatividad, la imaginación, el uso de sí desde la escuela, para dar abrir la s puertas a que nuevos mundos más justos sean posibles.

 

 

 



[1] Referida aquí como la cabeza.

[2] Feldenkrais Moshe, Autoconciencia por el movimiento.

[3] Ibíd.

[4] Morin Edgar, la cabeza bien puesta.

El Hombre moderno y su incidencia en el arte

Por: Viviana Andrea Bernal

Licenciatura en Artes Escénicas

Universidad Pedagógica Nacional

 

A través del tiempo el hombre en su afán de desarrollo fue creando una serie de obstáculos al conocimiento y a la razón abriéndole paso al capitalismo,  las tecnologías y los medios de comunicación entre muchos otros, creando así una sociedad posindustrial que cosifica y empobrece al ser humano.

 

Desde la modernidad el hombre fue creando conciencia de sus habilidades para manipular la naturaleza y valerse de ella para llegar a crear el ideal del hombre perfecto, convirtiendo la cultura humana en moda, estética y puerilidad. Con la aparición de la industria el hombre fue transformando su que hacer para dejarlo todo en manos de  la tecnología, convirtiendo su vida en algo manipulable, útil y eficaz, pero empobreciendo cada vez mas el pensamiento humano.  Así poco a poco fue apareciendo o mejor creándose una nueva forma de ver y pensar la realidad, una realidad facilista, guiada por aparatos electrónicos.

 

Así el hombre posmoderno deja de creer en verdades absolutas para empezar a crear sus propias verdades, convirtiéndose en un hombre seguro de si mismo, prescindiendo de lo absoluto y de lo mágico, prescindiendo incluso de dios, elaborando todo lo que tiene a su alrededor, fabricando hasta la felicidad convirtiéndola en un producto mas del consumo humano. El hombre pos moderno se convierte en un hombre dominador del mundo, el hombre como creador.

 

Es así como el arte entra a jugar un papel importante en esta sociedad, haciendo parte de ella, llegando con la idea del arte innovador, creador, original. Un arte para mostrar algo “bonito”, no importa si tiene sentido o no, lo importante es lo estéticamente reformador que se vea.

 

Es en esta búsqueda del beautiful art (como yo lo llamaría) que el hombre empieza a crear necesidades innecesarias y empieza la disputa entre lo nuevo, “arriesgado” y “transformador” por lo natural y genético.

 

Y es en el “mundo artístico” y su metamorfosis donde se empieza a gestar la “cultura del cuerpo”, el cuerpo posmoderno es decir el cuerpo transformado y manipulado biológicamente por decisión del hombre, un “cuerpo mutante”.

 

Un cuerpo humano inmerso en un tipo de sociedad transformada por el consumo de masas, donde lo único que se pretende es la venta de imágenes sugestivas e impactantes que inciten al comprador – público al consumo de satisfacciones provocadas artificialmente. Es en esta pelea por la innovación humana que el “hombre – artista” proyecta su creación hacia el rompimiento de lo cotidiano, de lo factible  llegando así a la “elaboración del cuerpo posmoderno, rehecho a golpes de prótesis y de transplantes”.

 

Es así donde el cuerpo natural llevado al punto máximo de la extracotidianidad se vuelve poco y se hace necesario depender de artefactos que lo reestructuren, dando paso a  la aparición del “cuerpo monstruo”, un cuerpo que rompe con el esquema biológico y abre espacio para la construcción de un cuerpo anormal, un cuerpo mutante.

 

El artista con su transformación física crea una doble realidad, dándole una vida a su cuerpo mutante y otra la vida propia, instaurando un juego entre el ser y el no ser.  Dejando de lado el sentido y el por que de la obra de arte para darle importancia a lo superficialmente bello.

 

La necesidad del artista de llevar al hombre por el camino de la extra naturalidad, de la  perfección humana, lo ha hecho empezar a reemplazar a los seres mágicos y “superiores” que rigen los comportamientos humanos. Es por esto que dios es transformado a imagen y semejanza del hombre posmodernista, un dios mutante con varios brazos, ojos y piernas.

 

Luego de la transformación de lo “divino” el artista tiene la “autoridad”, para moldear la naturaleza, para manejar su propio cuerpo, todo esto con el fin de representar al hombre. Es así como en el arte aparecen otras manifestaciones del juego transformador de la especie humana como el maniquí que “simula lo vivo sin que por ello posea sus características, en definitiva, que encarna lo humano al mismo tiempo que lo deja en el anonimato”, o la muñeca que es “otra de las figuras con la cual el artista moderno llega a estetizar la incertidumbre del estatus corporal” .

 

Es así como estos dos objetos se vuelven implementos con los cuales se puede moldear y adaptar el cuerpo humano a las exigencias del arte posmoderno sin intervenir con la vida del mismo, introduciendo en el arte un cuerpo inventado que nace de las necesidades existentes en el cuerpo real, “todas las muñecas expresan la vida; quizás se trate de esa clase de vida que reconstruye a su antojo  el que la utiliza, vida proyectada que convierte la muñeca en algo mas que una figurilla, en un cuadro para lo imaginario”.

 

Sin embargo existen una serie de posturas “artísticas” mucho mas radicales para lograr la transformación y el desarraigo del cuerpo natural, como lo son las cirugías  plásticas que pueden llegar a dar una verdadera forma o mejor deforma de monstruo al cuerpo humano, inacabado, incompleto o estropeado, logrando el fin de impactar y gustar al consumidor – espectador, “cirugía estética con fines artísticos”[1].

 

La lucha del cuerpo consigo mismo, la insistencia por lo nuevo, por mostrar algo distinto, por representar en el cuerpo monstruo los miedos y la psiquis humana, el inconformismo con la maravilla corporal han hecho que el arte posmoderno se olvide del propio ser en su esencia, “ se busca, tanto en imagen como en encarnación, la perfección de un terminator, el equivalente a un humano que llega a ser dios y que surge de la fusión gloriosa, a la vez apocalíptica y parúsica, del hombre – hombre y del hombre – maquina”.

 

Es por esto que la transformación del cuerpo humano no se puede quedar en cirugías plásticas (por lo menos en el teatro), ni en trabajo con muñecas flexibles, ¡no! el trabajo con nuestro instrumento, con el cuerpo va más allá, su metamorfosis es real a partir de trabajos corporales, de imaginación y de mucho entrenamiento. Nosotros como artistas tenemos la labor de desmitificar la frase con la que termina el texto de Paul Ardenne de hoy en adelante, al cuerpo sólo le queda el fardo de esta alternativa: tornarse maquina o salir de escena, mutar o desaparecer”. Por que si el arte posmodernista se refiere a la mutación del cuerpo es preferible que el teatro se quede en el modernismo o mejor aun que cree otra forma de arte posmodernista desde su propio ser – cuerpo natural.  Dando vida y sentido al arte nuevo, no como un producto de mercado del sistema capitalista si no como una forma de reflejar el contexto, y los nuevos mundos posibles e imposibles desde lo que la naturaleza y la imaginación brinda.

 

Bibliografía

Cartografías del cuerpo. Paul Ardenne (el arte bajo el prisma del poshumano).  

 

 



[1] Artista francesa Orlan

La Locura del artista como forma de resistencia

Por: Paloma Salgado

Licenciatura en Artes Escénicas

Universidad Pedagógica Nacional

 

¿Qué puede significar la locura en el artista y por qué ésta se presenta como una forma de resistencia?

 

El artista como ser que se expresa ante una realidad pública, en un espacio y tiempo determinados, contexto social e histórico, geográfico y/o virtual ha tomado en general y durante la historia (de Europa) dos posturas funcionales con respecto a su creación:

 

Hasta el siglo XVII, aquella que sirve a un sistema social dado, lo legitima y “distribuye” simbólicamente, con muy variadas excepciones y matices, en el que toda la creación, al menos en el terreno del teatro, estaba supeditada al sistema dominante, desde el cristianismo hasta la monarquía absolutista de Luis XIV el rey Sol en Francia; y, luego del siglo XVII aquella que se sustrae de forma crítica, explora y reacciona a través de nuevos lenguajes y contenidos, que rompe y se adelanta a su propia época. Entre muchos movimientos podemos nombrar en este sentido el Romanticismo, Expresionismo, el Dadaísmo y el Surrealismo, distribuidos entre los siglos XVIII y XX  y con medios de expresión distintos en cada caso.

 

Este movimiento del arte, la concepción del artista, de sus creaciones mismas e incluso las biografías de algunos personajes representativos como Van Goh, Antonin Artaud, Dalí, entre muchos, muchos otros, van a permitir que el discurso sobre la locura, que por cierto también comienza a construirse y profundizarse durante estos siglos, pueda ser leído en consonancia con el arte.

 

La locura, como trastorno mental, como enfermedad, patología, es definida como desviación, perversión, y modificación de la conciencia y comportamiento ordinarios.

Locura es ante todo ruptura; se define en oposición o desviación de una normalidad referida al comportamiento general de la especie humana. Y sin embargo, ¿qué es normalidad y cómo se podría definir lo normal de un comportamiento? ¿Existe una ley universal que defina un estándar humano de vida?

 

En el contexto posmoderno, la cultura, como conciliación de individualidades  podría jugar este papel pero no de forma universal; la cultura determina reglas, hábitos, prácticas y modos operativos que identifican a un grupo humano creando para sí  una normalidad, pero ésta se configura de forma distinta en cada sociedad.

 

Sin embargo en toda comunidad, la locura es siempre, desviación de esa relativa normalidad funcional. “En el siglo XIX se fue constituyendo poco a poco, una ciencia médica de las enfermedades mentales, que, como ha señalado Foucault, creía situarse y tomar sus medidas en relación a un “homo natura”, es decir, a un hombre normal dado anteriormente a toda experiencia de la enfermedad.”[1]

 

Como rompimiento de la conciencia normal acerca del deber ser y de la valoración  diferente de las reglas y cánones socialmente aceptados el arte encuentra su primer consonancia con la locura. Lo fantástico es que el artista, a no ser por un trastorno mental que lo afecte de hecho, como ha ocurrido en miles de casos, juega de forma consciente con esta condición.

 

En este juego encontramos un sin número más de equivalencias:

En primer lugar, la trasgresión del lenguaje, es decir la reproducción alterada de los significados y la comprensión ilógica y desconexa del mundo a través de la representación no literal de éste, que en el caso del artista obedece a una interpretación subjetiva y única y a una intencionalidad representativa, y en el caso del enfermo a una adaptación inconsciente de su mente a una situación personal extrema. 

 

En segundo lugar, la creencia en mundos alternos creados por una imaginación inacabable, cuyo ejemplo en el caso del arte se encuentra perfectamente en el teatro, cuando el actor cree en un mundo que imagina, alucina de forma consciente, entrenándose disciplinadamente  para la alucinación, y en el caso del enfermo refiere a su tipo de creencia desviada de su propia situación como persona y en el mundo.

En esta creencia en otros mundos, consciente e inconsciente los sentidos juegan un papel de vital importancia pues la sensibilidad se agudiza en ambos casos a puntos máximos. La expresión del mundo interno en el caso del enfermo se da de forma descontrolada y arrolladora, mientras que en el artista, aunque con la misma fuerza, se canaliza y aquí reside lo propio de su arte, ya sea musical, plástico, escénico o poético.

 

Aunque el loco representa la voz viva de las represiones de una sociedad, ésta busca siempre aplacarla debido a  la fuerza misma con que se presenta (violencia, agresividad) y también  al miedo que genera a una sociedad que se cree dueña del bien. En el caso del artista el mundo interno se expresa a través de un vehículo organizado y sólo de esta forma lo brutal de sus expresiones se articula con la capacidad de aceptación  de su contexto (aunque no siempre).

 

Para el caso del teatro funciona también otro tipo de fenómeno que se da en la locura: ocurren cambios no sólo a nivel mental sino también físico, que trastornan de pies a cabeza el individuo, con la diferencia abismal de que el actor lo hace de manera temporal y con plena conciencia mientras que en el enfermo obedece a un proceso posiblemente irreversible y sintomático.                              

 

A través de estas múltiples coincidencias, podríamos decir  que el artista sufre de un locura consciente, intencionada y disciplinada, y que, sin irnos a lo patológico sino más a lo metafórico el artista es un loco que juega a retar a aquellos “cuerdos” que lo rodean y por lo tanto constituye una forma de resistencia.

 

¿Resistencia a qué?

 

El análisis de la locura, llevará a cuestionarse en el siglo XIX por la división real entre razón y sin razón, entre cordura y pérdida del sentido, preguntándose en boca de Freud, si la razón excesiva no resulta más loca que la propia locura y la locura más lúcida que la razón ilustrada.

 “Sin duda, el sueño de la razón produce monstruos”[2]  Hecho demostrado en sucesos como la segunda guerra mundial, devenida de una lógica perfecta de civilización,  en que la matanza de millones de hombres se justifica con dignidad de nación.

 

En esta época, herederos de la Ilustración, y de los excesos de la razón, debemos reivindicar en el mejor sentido la capacidad de locura de cada sujeto, la capacidad de rompimiento consciente con las normas que paradójicamente parecerían provenir sí, de una lógica desquiciada.

 

Bibliografía

 

-          Cartografías del cuerpo

-          CRUZ LITO, La llamada "locura" y el actor (*), Algunas reflexiones sobre el arte del actor.

    -      YUTSI CARLOS, Arte y locura una insólita simbiosis                 http://www.analitica.com/va/arte/documentos/1746762.asp,           

 

 

 



[1] Cartografías del cuerpo, Insensatos.

[2] Ibíd., Página 122.

El Cuerpo en el espacio y el tiempo

Por: Gloria Esperanza Gil

Licenciatura en Artes Escénicas

Universidad Pedagógica Nacional

 

El cuerpo en nuestro siglo no se puede entender en un sentido ordinario a la primera acepción del diccionario: “toda sustancia orgánica o inorgánica, o mejor, la parte material de un ser”. No se trata de un concepto propiamente definido, aunque sabemos que es necesario concretar el concepto de un objeto, por eso la existencia de La Biblia de la literatura: el diccionario. Pero ocurre que más adelante de este primer acercamiento a la definición de nuestra palabra dice: “A través de los tiempos, el cuerpo siempre ha sido relacionado con el alma; así la concepción mas antigua de cuerpo es la que lo considera  como instrumento del alma.”

Sabemos que todos los conceptos se han venido transformando con el pasar del tiempo, cada persona tiene una percepción diferente, una verdad; cada uno realiza  un análisis e interpreta el mundo que lo rodea de diversas maneras. Cada concepto tiene un movimiento continuo, un cambio de forma y definición.

 

Por eso para abarcar este concepto tan importante, no dejaremos la historia atrás – al pasado. Por eso iniciaremos nombrando a Platón, que con su doctrina fue el primero en considerar el cuerpo “como la tumba o prisión del alma”. Luego viene Aristóteles quién lo definió como “cierto instrumento natural del alma, como el hacha lo es de cortar”. Pero así, el cortar no sea similar al hacha, tiene en sí mismo el principio del movimiento y el reposo.

La tesis de la instrumentalidad se hace notar en los neoplatónicos: según Plutonio, “si el alma es sustancia, será una forma separada del cuerpo o, para decirlo mejor, será lo que sirve del cuerpo”. Esta tesis domina toda la filosofía medieval, con excepción de la teoría del agustinismo que consistía en reconocer una forma o sustancia independiente del cuerpo orgánico; santo Tomás acota: “El fin próximo del cuerpo humano es el alma racional y las operaciones de ella.

 

Descartes fue el primero en abandonar el concepto de la instrumentalidad, al plantear un dualismo, una separación entre alma y cuerpo como entre dos sustancias distintas.

La filosofía moderna ha tratado de darle soluciones: la primera de ellas, niega la diversidad de las sustancias y reduce la sustancia corpórea a la espiritual; la segunda considera al cuerpo como un signo del alma; la tercera,  niega la diversidad de las sustancias, pero no la diversidad entre alma y cuerpo y, por tal razón, considera alma y cuerpo como dos manifestaciones de una misma sustancia. La última solución considera al cuerpo como una forma o modo de ser vivido, que tiene, sin embargo, un carácter específico junto a otras experiencias o modos de ser; es decir, el cuerpo es considerado como una experiencia viva. [1]

 

Vemos como durante la historia, el cuerpo era concebido como primera medida (Edad Media), en una caja fuerte que contenía el tesoro más preciado: el flogisto, el alma.

Y en la modernidad como el ente principal que nos permite tener una experiencia carnal – viva, reconociendo que los sentidos son parte fundamental del hombre para posibilitarle su experiencia y conocimiento.

 

La historia –el tiempo, nos ha hecho ver el cuerpo, no como una unidad, sino como algo externo (caparazón), que contiene una sustancia. Pero la modernidad, que deja de lado el hecho de que Dios es el centro del Mundo y que el hombre ahora toma su lugar, permitió que la ciencia: la medicina, la biología descubriera que el cuerpo  contiene mucho mas que el alma, -que el cuerpo es todo un universo- muy bien organizado, formado por una diversidad de sistemas que tienen una función específica y que hacen que “el hombre viva – sienta”

 

Pero así como el tiempo nos ha permitido descubrir nuevas cosas sobre el cuerpo, la era contemporánea nos ha bombardeado de nuevas ideas sobre él: los medios de comunicación redactan y pronuncian frases como:

·         “tu cuerpo es todo”

·         “obedece a tu imagen, transfórmala, porque ella te da el éxito en tu vida laboral y sentimental, ella te habré el espacio en la sociedad”. “

·         “si no estas conforme con tu imagen y ella ha hecho que no te quieras, valores y que los demás tampoco lo hagan”. Nosotros tenemos la solución: REALÍZATE UN CAMBIO EXTREMO. HAZTE LA LIPO… COMPRA LA FAJA REDUCTORA…ETC.

 

Este es el nuevo concepto, donde clasifican y limitan la belleza a un prototipo de hombres y mujeres que con sus cuerpos esculturales son el hombre de hoy, el hombre que obtiene el éxito. Transformando el concepto de belleza a una forma y no a un todo, y dejando de lado ese concepto antiguo del alma, de esa sustancia espiritual.  Esto último me recuerda la frase inicial con la que comienza el capitulo: EL CUARTO CUERPO por Mario Perniola[2], donde él expone cuatro teorías, acogiendo un material escrito por Paul Valéry, y que posiblemente nos ayudará a ver de otra manera este concepto que venimos desarrollando desde Platón hasta la Modernidad y porqué no? hasta lo contemporáneo. Este  texto vislumbra y expone una perspectiva disímil de este caparazón llamado cuerpo.

 

En este texto el autor nos habla de la teoría de los cuatro cuerpos:

 

  1. del primer cuerpo, o del instrumento del alma
  2. del segundo cuerpo, o de su imagen
  3. del tercer cuerpo, o de los órganos
  4. del cuarto cuerpo, o de una especie de contra-cuerpo, meta-cuerpo.

 

En el primero, nos dice “que hablar del alma ha caído en desuso”. “El cuerpo es el que se muestra; es el objeto de todo cuidado y atención. Como dice Valéry: “el primero sería precisamente el sentimiento de nuestra presencia”. El segundo, “es la imagen que de este nos proponen los espejos, los retratos, las fotografías, las películas”. El tercero “es el cuerpo privado de la unidad. Es el cuerpo hecho pedazos por los instrumentos de la anatomía: no se ven más que los órganos, esta idea parece el resultado de la técnica quirúrgica moderna”. El cuarto “introduce la idea de un cuerpo real o imaginado, que proviene de la insatisfacción de otros cuerpos”.

 

Cuatro cuerpos en uno solo, cuatro fuerzas que se debaten para constituir una sola presencia, un solo estado físico.

 

Es un cuerpo moldeado por una sociedad, un cuerpo a la moda.

 

Pero realmente ¿Qué es lo que esperamos, deseamos de nuestro cuerpo?

 

 

 



[1] DICCIONARIO DE FILOSOFÍA. Edit. Panamericana 1996.

[2] CARTOGRAFÍAS DEL CUERPO. Pag 99-111.

Cuerpo poshumano

Por: Daniel Esteban Robles Morales               

Licenciatura en Artes Escénicas

Universidad Pedagógica Nacional

 

 

“la fortuna artística del término “poshumano” provoca un  tremendo malestar en la civilización. ¿Que es lo que se puede sacar del mismo?  Que el cuerpo humano, por muy habitado que se encuentre, ya no es viable ni en si mismo ni desde el punto de vista estético…

…De hoy en adelante, el cuerpo sólo le queda el fardo de esta alternativa: tornarse máquina o salir de escena, mutar o desaparecer”[1]

 

 

Hoy  el cuerpo humano se ha vuelto punto de encuentro, de contraste, de expresión del arte e incluso se ha vuelto el arte mismo. A través de la historia el hombre ha tendido que aceptar, valorar, ocultar y ahora transformar el cuerpo, como puente que conecta  su mundo interior con el  desarrollo exterior. El cuerpo es el símbolo de la cultura, la cultura se hace expresión en el cuerpo, modifica el cuerpo, adapta el cuerpo, juega con el cuerpo.  Es  éste el lugar, espacio, lienzo donde se une lo genético, natural con lo social, cultural.

 

A medida que el hombre avanza en su descubrimiento de la naturaleza y ahora la transforma, incluyendo en primer lugar el cuerpo como natura,  pasa del descubrimiento del cuerpo, de su psico- fiscalizada  a   su transformación, renovación e incluso mutación, y es de esta forma como el hombre posmoderno se hace cuerpo, no solo  a través de las representaciones artísticas que  modifican una idea de cuerpo, sino que usan su propio cuerpo como  foco de transformación y con ello de expresión; frente al mundo  por una lado de la ciencia que permite modificar lo genético y fisiológico ,  y por otro el de la maquina que absorbe el cuerpo creando supuestamente la necesidad de  acercarnos al llamado hombre máquina.

 

Entonces frente a esto el cuerpo, el hombre que es cuerpo, se encuentra en este hilo donde se cree que el cuerpo  por sí mismo  se ha vuelto insuficiente, inacabado, por ello el uso de la ciencia y la maquina anteriormente citado. ¿Qué hacer entonces?, ¿Qué validez tiene éste? ¿Es necesario el cuerpo natural o este ya es remplazado por la construcción artificial del mismo?

 

El cuerpo monstruoso.

 

“victima inocente de una trampa biológica, el monstruo lo es para deleite del voyeorismo de la gente corriente, y se descubre, como tal, condenado a esa otra trampa que es el escenario”.[2]

 

 

Haciendo un recuento del cuerpo a través de la historia, podemos entender cómo es que el hombre mismo ha construido lo que él es, cuerpo, a través de su mundo cultural.

 

En la Grecia antigua  existió una gran valoración de lo bello, la estética hacia parte de la búsqueda de la virtud y esto fue fiel reflejo en el mundo del cuerpo griego antiguo. Los dioses griegos son representados a partir del hombre y la mujer bella, en la literatura los grandes héroes son fuerte mezcla entre la fuerza y la belleza corporal. Como se mencionó anteriormente la virtud es de cierta forma sinónimo de la belleza. El cuerpo es aceptado de forma natural y en su forma natural, por ello se le representa así. Aunque como es bien sabido Platón niega  este elemento llamándolo la cárcel del alma, pero aún así no se le reconoce más que como electo de lo natural.

 

Durante la edad media, junto con  el  teocentrismo y  la negación de todo lo pecaminoso el cuerpo está cubierto literalmente por los preceptos cristianos,  todo aquello que viene del cuerpo parece ser impedimento.  No se le representa en su totalidad, el cuerpo es plano, es el elemento –obstáculo para alcanzar la verdad,  la verdad de Dios.

 

Con el despertar del renacimiento el hombre se volcó hacia la naturaleza es decir hacia sí mismo, el descubrimiento de su cuerpo, de su psicología, lo lleva a apartarse de la misma naturaleza y con ello ser capaz no solo de descubrir el mundo micro y macro de la naturaleza sino crearse las posibilidades de modificarla y con ello modificarse a sí mismo.

 

El hombre actual con ayuda de los avances  científicos ha logrado la posibilidad de modificar todo aquello que cree de él insuficiente.  La ciencia no solo le brinda posibilidades al mundo de la moda actual, sino inclusive al mundo del arte corporal actual. Es así como el hombre actual, el poshumano, busca modificar y re-crear su natura.  Aparece el carácter del monstruo,  monstruo entendido para Paul Ardenne como “la evidencia de una diferencia, con el añadido de una deficiencia: diferencia, puesto que el organismo del “monstruo” no  alcanza el estado de vida conforme a las exigencias del plan natural: deficiencia, ya que el cuerpo monstruoso es, por definición, un cuerpo inacabado, estropeado e incompleto.[3]

 

Gracias al mundo de la cirugía exactamente el hombre puede modificar su cuerpo para cumplir con el cuerpo de la moda, o incluso modificar su cuerpo para utilizar éste como óleo expresivo del arte posmoderno. El cuerpo se enfrenta a sí mismo, para ser reconstruido en una sala quirúrgica, la natura del cuerpo es negada, o vale más bien decir  reconstruida, hecha monstruo, hecha diferencia, lista para estar a los ojos del espectador o del “ voyeurismo de la gente corriente”.

 

El hombre-máquina.

 

Otra modificación, o visión  posmoderna que se le da al cuerpo está ligado al avance que de las maquinas nos ha llegado. Para ser necesario que el cuerpo humano se ponga al par de la maquina. Nuevamente  en relación  a la idea del cuerpo insuficiente, parece ser necesario equipar el cuerpo.  El texto en el cual se basa este escrito nos cita a una artista para quien “el cuerpo es débil en sí mismo, y que, únicamente después de “maquinarlo”, se convierte en su propio más allá.”   Se busca una especie de terminator  un hombre robótico capaz  de incrementar las capacidades, o limitaciones de ser natural.

 

Este es otro paso hacia el ser artificial. El hombre maquina es propio del mundo de las maquinas, de la cultura de las maquinas, así como el hombre transformado por el mundo de la ciencia es propio de la cultura alimentada por la ciencia, el hombre-moda  nace de la moda, lo interesante es ver como el hombre poco a poco a reconocido de  forma conciente o inconciente el cuerpo como lugar donde se plasma  la cultura, las ideologías, la critica y la misma autosatisfacción.

 

La pregunta que al principio fue hecha sigue abierta,  hasta dónde la libertad expresiva del cuerpo, que permite llenarlo, modificarlo, nos acerca a un verdadero ejercicio de identidad. Hasta dónde los implantes no es la negación de lo que realmente somos, hasta dónde el temor  a la modificación corporal no es también el miedo a reconocer al mismo cuerpo. Puede ser que  al igual que con los demás elementos natura, el cuerpo, o la esencia del cuerpo,  en realidad esté  siendo llevado al exterminio. Qué de la natura del cuerpo debemos pelear por salvar, con qué nos conecta esa natura que no brinda el mundo artificial del cuerpo poshumano. ¿Es verdad que el cuerpo está  obligado a elegir entre  la maquina o lo cirujano?

 

Desde mi punto de vista, el teatro, el cuerpo vale en cuanto es esencia de lo humano, en cuanto es vehiculo de  contacto con algo más profundo que el simple mundo caótico. Sí, puede ser una posición conservadora. Las expresiones que se dan  a través del cuerpo son validas si en realidad, están sustentadas desde  expresión profunda de lo humano, y no enconchadas en la idea de moda o falsa ideología posmoderna. En algunas tribus indígenas aparecen sin numero de modificaciones y adornos del cuerpo, no los justifico desde la óptica de lo sagrado pero sí desde la cultura basada en las costumbres construidas  socialmente en el tiempo y en el espacio, que son propias y no tomadas de la globalización cultural.

 

El hombre, es cuerpo, el arte es cuerpo, la creación se hace desde el cuerpo por ello la cultura se manifiesta en el cuerpo. Lo más seguro es que actualmente en realidad el cuerpo  toma  mucha importancia desde diferentes ópticas, el cuerpo como lienzo, el cuerpo como  arcilla modificable, el cuerpo como expresión de adaptación social. El cuerpo como conector con el espíritu e incluso el cuerpo contra el cuerpo.



[1] Cruz Sánchez. Pedro A, Hernández-Navarro Miguel A. Cartografías del cuerpo.   Ardene Paul el arte bajo el prima del poshumano PG 294.

 

[2] Ídem Pág. 275

[3] Ídem Pág. 274

Una humanidad que se autoextermina

Por: Ana Milena Hernández Díaz

Licenciatura en Artes Escénicas

Universidad Pedagógica Nacional

 

 

En este capítulo del libro “Cartografías del cuerpo”, se plantean – en mi concepto –, dos posiciones distintas del hombre moderno – S. XX –, para explorar y reflejarse términos artísticos, con la diversidad de movimientos modernos que han aparecido. 

 

Tales movimientos artísticos, - como el surrealismo -,  han llevado al hombre a imaginar, soñar, e intentar representar y hacer realidad ciertas cosas que hacen parte de lo posible para él mismo; lo cual – señala el texto –, son las representaciones que tiene el hombre sobre el cuerpo incierto.  Éste, se refiere a una problemática de dobles identidades sobre un mismo yo que se es y no a la vez, o de un hombre que tiene la capacidad de ponerse en posiciones distintas a la hora de mirar una situación desde dos puntos de vista distintos.

 

Como venía diciendo al principio sobre las dos posiciones distintas del hombre moderno, estas son:   1. El hombre como sujeto y 2. El hombre como objeto, así explicadas:

 

  1. El Hombre como Sujeto: En esta primera posición del hombre moderno, me refiero a que el hombre obtiene el papel de manipulador de dos objetos representativos del cuerpo incierto, a saber: el maniquí y la muñeca.  Estos dos elementos, son la representación  más parecida a la humanidad, y son, por ello, el fetiche mayor – la muñeca específicamente –, debido a sus características expresivas y detalladas.  Además pueden ser poseídas por un sujeto y sustituir X persona.

 

Es bastante curioso ver cómo  los maniquíes y las muñecas dejan aflorar todas las grandes dependencias y aberraciones del ser humano, ya que son objetos sobre los cuales el ser humano puede pones todos sus idealismos y dotarlas de un sinnúmero de cualidades que permiten corregir y borrar – al menos en la mente –, nuestras deficiencias y defectos humanos.

 

Hay demasiados aficionados, en la sociedad, a crear, jugar, etc., con estos objetos pues con ello, pueden satisfacer todos sus deseos reprimidos que están en el inconsciente, ya que en muchas ocasiones, por su carácter grotesco, casi inhumano y anti-moral, son actos que no se pueden realizar abiertamente a la sociedad, o que no permiten llevarse a cabo con personas de carne y hueso.

 

Además, muchos de estas personas que realmente lo que buscan curar son traumas de su infancia que los dejaron marcados y sienten que no quedarán tranquilos hasta saciar su odio contra la sociedad como si la culparan de lo que les pudo suceder en el pasado, y necesitan ajustar cuentas con alguien.

 

Pero mi gran pregunta – y con esto inicio a tocar el punto 2. El hombre como objeto – es: ¿Por qué hay muñecas humanas?

 

¿Por qué si el hombre moderno se atribuye los grandes avances científicos para poder crear objetos con los cuales satisfacer sus deseos, tienen que jugar con los humanos como si fueran esas muñecas?  La cuestión es que la lógica se revierte y se practica en la realidad.  Muchas veces no se le atribuyen cualidades humanas a los objetos inertes, sino que a las personas – o a los seres vivos –, se  les atribuyen características que las convierten en objetos vivos que se utilizan para el auto beneficio y la satisfacción de algunos humanos traumatizados y obsesionados con ello.

 

Puede que a la vista de la sociedad “moderna y normal”, le parezca muy corrompido y aberrante el fetichismo de algunas personas a las cuales les gusta tener un maniquí o una muñeca – o muchos de estos –, para jugar a trasplantar órganos, mutilar, asesinar, violar…... pero realmente, preferiría que esa fuera mil veces la opción por la que deciden optar, y no que “algunos” tomen la decisión de jugar, mutilar, asesinar y violar a otro ser humano.  No estoy dispuesta a tolerar ser un objeto que usan para estos propósitos, y luego…?????  

 

Entonces el mismo hombre se contradice cuando se alardea de su gran civilización, de sus avances científicos, y de su propia modernidad; y lo que está haciendo es corroborando la idea del “eterno retorno” del que habla Mircea Eliade, volviendo a una era arcaica y caníbal que nunca ha dejado ni dejará de existir.  La verdad es que nunca vamos a llegar a la perfección de la sociedad.

 

Ahora, se va abriendo paso a la concepción de la imperfección que asume el ser humano con la idea de que existe la monstruosidad como una brusca alteración en contra de los órdenes naturales.

 

Desde el pasado estos vistos de monstruosidad en las personas han dado para que despierten curiosidad del otro, y sean parte de algún espectáculo, llevándolo a la escenificación.  Entonces, cuando un ser humano es visto desde esta imagen de monstruosidad, puede sentirse bastante humillado y herido por la señalación de los demás, pero también puede explotarlo y canalizarlo dándole un uso….  el cual puede darse en esa escenificación.   He ahí esa relación entre el artista y el monstruo que se da en la escena.  Pues la monstruosidad no tiene que estar necesariamente en lo físico, sino que podemos tener innumerables deformidades internas, espirituales y mentales, que como artistas-monstruos, queremos limpiar o curar en la escena.

 

Entonces la idea de la otredad comienza a tener sentido para nosotros, si nos ponemos en el lugar de los monstruos, ya sea física, espiritual o psíquicamente hablando, que son vistos por el otro –un espectador-, o en un sentido distinto, si analizamos que somos los mismos humanos quienes imaginamos y creamos los monstruos, les damos vida y los transmutamos porque sería nuestra otra parte reflejada. 

 

Nuestro imaginario humano que ha gozado de ciertas libertades desde los inicios de la modernidad, haciéndose característica principal de esta época, se inicia a alimentar de lo que sería posible, y lo intenta poner en la realidad.  Es por esto que los objetos son tan esenciales, ya que ellos son el medio por el cual esa cantidad de posibilidades se hace palpable.

Sin embargo, hay quienes, no contentos con ello, ya que de todas formas hace parte de algo falso e ilusorio, se obsesionan con llegar al máximo desarrollo de tales actos en lo viviente, y empiezan un juego que tiene que ver con lo carnal y sanguíneo que transgrede totalmente lo natural ya no contra el otro –como en el caso de las muñecas humanas que nombré anteriormente-, sino contra o consigo mismo, involucrando la voluntad.

 

Hablando de posmodernidad y arte posmoderno, se reconocen los gestos de reconstrucción del cuerpo, que pasan de la mera expresión física - externa a la que ha recurrido el arte por mucho tiempo transformando al artista con los manejos de las formas externas en espacios determinados, o con alteraciones físicas que simplemente se sobreponen sin necesidad de hacer cambios permanentes; a las deformaciones definitivas del cuerpo, cambios que lo distorsionan, se agregan o quitan partes del cuerpo, alegando otro tipo de belleza radical, en la cual tiene que participar la carne… la representación externa se hace carne viva.

 

La apariencia, que es el eje principal por el cual se mueven todos estos avances hacia el juego con lo vivo – nuestro propio cuerpo –, no es siempre el reflejo de lo que en verdad somos… no por parecer algo, lo somos internamente.  Bien lo expresa el dicho <las apariencias engañan> o <caras vemos, corazones no sabemos>. De ello, somos conscientes, pero los medios de comunicación tienen las herramientas necesarias para jugar con la mentalidad de las personas y envolvernos en una actualidad en que la sociedad capitalista nos vuelca en un mercado consumista en el que priman los estereotipos físicos, condicionando la aceptación de los individuos en la sociedad, porque se tiene que ser de X o Y manera.

Consecuencias de ello son graves problemáticas como la anorexia, bulimia, enfermedades que se contagian por medio de instrumentos quirúrgicos como el cáncer, el VIH-SIDA y otro tipo de infecciones que poco a poco van exterminando parte de la población humana en la tierra, lo cual atenta contra la naturaleza.  Pero es cierto también que los absolutismos y radicalismos que ciertas personas como Orlan -la artista francesa que se nombra en el texto-, para generar activismo en contra de estos estereotipos y arquetipos, llamándolo arte carnal, van aún en más detrimento de la naturaleza humana y generan a nivel de salubridad los mismos o peores riesgos que los que nombré anteriormente. 

 

Sin duda, esto tiene que ver también con la desacralización de las creencias religiosas de la antigüedad, ya que los avances científicos cada vez buscan más –y lo han logrado, ponerlas en cuestión: la existencia de un Dios supremo, la teoría de la creación del mundo, la concepción del cielo y el infierno, etc.; y se reafirma la supremacía de la inteligencia humana, que es capaz de asumir que el ser humano es también un objeto material con el cual se puede jugar y experimentar.

 

Estos cambios que los mismos humanos hacen a su cuerpo, generan la problemática general del postmodernismo y es el problema del cuerpo que es intervenido por la tecnología para reconstruirlo… y diría yo que incluso, ya ha iniciado a construirlo, debido a los últimos avances científicos en genética con los que se pueden programas las características de un ser desde el momento de su concepción.

 

Surge entonces, en mi concepto, una preocupación esencial por el lugar que en el futuro ocupará el ser humano: será reemplazado por el poshumano, que el mismo hombre está creando?, la sugerencia de tantos avances tecnológicos que permiten modificar la naturaleza humana, es que nosotros mismos nos estamos encargando de nuestro exterminio, suplantándonos por seres mutados y clonados que sobrepasarán lo humano en el futuro, lo cual tiene que ver con un problema de aceptación de nuestra propia naturaleza, que no es un tema nuevo del cual se hable, pero sí que está tocando el éxtasis de la sociedad. Entonces lo natural deja de ser esos estados iniciales del ser humano, y se convierte en una reconstrucción artificial que se asume a sí misma como natural, victimizando a sus propios creadores.

 

Los seres supremos eran los dioses… el ser humano ha demostrado que es superior incluso a los dioses, pero será aplacado y exterminado por la supremacía del ser poshumano.

 

 

Este ensayo fue basado en el libro “Cartografías del Cuerpo” Cap.: El arte bajo el prisma del poshumano. Escrito por Paul Ardene.

Arte y perturbación

Por: Leila Marcela Rojas Bernal

Licenciatura en Artes escénicas

Universidad Pedagógica Nacional

 

Las artes en nuestra sociedad no tienen gran acogida, ya que por lo general son medios por los cuales los artistas expresan su descontento con algunos de los parámetros existentes, por esta razón la maquinaria que domina los medios se ha encargado de marginar y esconder este tipo de arte, creando por su parte un tipo “especial” de arte el cual sea apto para todos los espectadores, que aunque sirva como medio de expresión los temas que se tratan son ligeros; pero aún así encontramos artistas que consagran su vida a la búsqueda de la verdadera connotación de arte, esa de la cual Aristóteles decía que llegaba al público de manera tal, que se generaba la “catarsis” y el publico se sentía identificado y era movido por la pieza teatral que se representaba.

 

En la historia del arte podemos ver diferentes corrientes que han surgido a favor o en contra de otras. Así por ejemplo encontramos la corriente expresionista, (siendo su fuerte la pintura) que trataba de revelarse en contra de la pintura clásica que venia desde el renacimiento para esto el artista  dejo de preocuparse por mostrar la perfección externa y se centró en el reflejo de su naturaleza interna y en las emociones que despierta en el espectador, con esta corriente artística se abre paso a un sinnúmero de técnicas con las cuales se busca explorar y engrandecer las emociones de los hombres para lograr plasmarlas en un cuadro.

 

En el arte las diferentes ramas que han surgido y que pretenden vislumbrar al hombre en su máximo esplendor no utilizan un exterior perfecto, intentan llegar al publico a través de su alma, sus sentimientos y para esto se requiere primero una identificación con la obra que se esta viendo y un rompimiento de la barrera entre el arte y la realidad. Esta realidad que nos mantiene concientes que lo que se esta viendo es ficción y por lo tanto separa al espectador del artista.

 

En el teatro los grandes autores por medio de diversas técnicas han procurado a su medida lograr que el espectador se sienta identificado con los actores que representan un hecho teatral  y se sientan que están viviendo un hecho real.

 

Stanislavsky al iniciar su trabajo teatral realizó una investigación y planteó su método por medio de la memoria emotiva, esta memoria en los actores producía que los hechos que estuvieran ocurriendo en la escena pareciesen reales ya que utilizaba sus propios recuerdos para representar los sucesos que esta viviendo el personaje esto producía que el publico lograra identificarse con lo que estaba sucediendo y olvidara que era teatro, aunque el publico lograba transformarse en un momento dado y creía que lo que estaba sucediendo era real estas piezas no producían una transformación real en el publico y el teatro continuaba siendo ficción.

 

Luego de Stanislavsky surgieron más grandes maestros que a su vez querían que la línea entre el espectador y el actor no existiera, para Grotowsky el actor debía ser una especie de santo en su representación, esto con el fin de encontrar la sinceridad en el acto representativo además planteaba que el espectador debe formar parte de la obra, así que el espectador pasa de ser un simple observador a hacer parte de lo que esta ocurriendo en la pieza teatral, para esto considera que los teatros en su forma clásica no deben ser utilizados, se debe crear un espacio en el cual el espectador pueda sentir casi lo mismo que el protagonista de la obra este sintiendo y este tan involucrado en la acción que esta ocurriendo que elimine la línea entre realidad y ficción (arte).

 

A pesar de las diferentes técnicas empleadas en el teatro para hacer que el publico sienta que lo que esta ocurriendo es real y se sienta totalmente identificado con el actor el hecho teatral tiene un final y es allí cuando el publico retoma su posición distante y por más que lo visto halla llegado a impactarle fuertemente entiende que es ficción o mejor una representación teatral.

 

Para lograr romper definitivamente con la línea que divide la realidad y el arte se ha generado un movimiento el cual intenta transgredir al público desde todo punto de vista, así que lo primero que se hace como lo planteaba Grotowsky es hacer que el espectador haga parte de la obra, para esto los temas a tratar tienen que ser reales y  así mismo lo que sucede dentro de la obra.

 

El artista deja de ser alguien que “representa” por medio de artificios, este ya no se esconde o refugia deja que el espectador entre a su espacio algo que antes se consideraba sagrado, el publico logra una relación directa con el artista y de paso una conexión con la realidad por que todo lo que esta ocurriendo allí es real.

 

Este tipo de arte es llamado arte perturbador y lo que intenta es que el publico quede afectado pero no solo de una manera externa sino que sus emociones y sus sentidos sean trastocados por lo que este viendo, oyendo, oliendo, etc. Para alcanzar este tipo de arte es necesario enfatizar en los temas estos no pueden ser triviales deben mover al espectador y lo mas importante es la forma en como son tratados esos temas.

 

Para el arte perturbador es importante que el público este en peligro que sienta que hace parte de la realidad, en esta corriente se retoma los orígenes del teatro en donde los espectadores eran parte de una fiesta orgiástica, esto con el fin de invocar a Baco el gran dios de la fiesta  y el vino, haciendo que los espectadores fueran una pieza clave en el desarrollo de la “obra” y que estaban involucrados realmente. Luego la tragedia  griega dividió a los espectadores y a los actores así el gran Dios se convirtió en una representación.

 

Esa unión que se conservaba anteriormente es la que busca recuperar el arte perturbador, pero en que medida esta realmente logrando que los espectadores se involucren en las obras, ya que por un lado podemos encontrar grupos a favor de este tipo de artistas que están dispuestos a poner su vida y la de los espectadores en riesgo, y por el otro lado encontramos a los espectadores que prefieren ignorar este tipo de arte por que les parece que sobrepasa los limites de lo que realmente puede ser arte.

 

Entonces ¿deberíamos reevaluar el sentido de la palabra arte o de las obras en sí mismas?, claro que esto nos llevaría a la eterna discusión de si el arte es el vehículo (que en este caso es así) o si seguimos utilizando al arte en su sentido puro como fin en sí.

 

Para nuestra cultura llena de transformaciones y en constante cambio el arte es un medio eso es innegable así que lo que el artista debe hacer es estar al servicio de estas trasformaciones indicando denunciando y haciendo que el publico no solo sea llevado por los cambios sin antes observar su realidad y así tome partido de lo que esta ocurriendo. El medio que los artistas usen para esto ya depende de cada quien lo importante es siempre estar en continua unión y comunicación con los espectadores.

 

 

 

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